Un estudio liderado por BrainLat revela que el índice de fragilidad permite identificar demencias con alta precisión sin usar tecnología costosa.
Detectar enfermedades neurodegenerativas en América Latina suele ser un desafío por el alto costo de los equipos médicos. Sin embargo, un equipo internacional de científicos de 11 países ha identificado que la fragilidad —la acumulación de problemas de salud físicos y funcionales— es el indicador más preciso para el diagnóstico de Alzheimer en América Latina.
El estudio, publicado en Alzheimer’s & Dementia, analizó a 3.461 personas en seis países de la región (Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México y Perú), demostrando que el cuerpo «avisa» el deterioro cerebral mucho antes de las pruebas complejas.
Un radar clínico de 32 señales
El estudio, liderado por científicos del Instituto Latinoamericano de Salud Cerebral (BrainLat) y el CONICET, analizó a más de 3.400 personas en Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México y Perú. En lugar de buscar solo proteínas anómalas en el cerebro, los investigadores crearon un índice de fragilidad basado en 32 variables que cualquier médico puede medir:
- Presión arterial.
- Uso de medicamentos.
- Estado de ánimo (depresión y ansiedad).
- Capacidad para usar tecnología.
- Problemas de movilidad.
«La fragilidad es una forma de envejecer acelerada, simple, clínica y accesible de medir», explicó el Dr. Agustín Ibáñez, autor principal del estudio. Los resultados fueron contundentes: el algoritmo de inteligencia artificial utilizado logró distinguir a personas sanas de aquellas con Alzheimer con un 85% de precisión, y con un 88% en casos de demencia frontotemporal.
Radiografía de un cerebro «frágil»
Gracias al uso de resonancias magnéticas en un subgrupo de 1.050 participantes, el equipo pudo ver qué sucede dentro del cráneo cuando la salud general se deteriora:
- Pérdida de materia gris: la fragilidad se asocia directamente con el desgaste de los tejidos que procesan información en las zonas frontal y temporal.
- Diferencias por diagnóstico: en el Alzheimer, el daño fue más severo en el hipocampo; en la demencia frontotemporal, afectó más al lóbulo frontal (encargado de la conducta).
- Desconexión cerebral: a mayor fragilidad, el cerebro pierde conexiones en redes críticas, aunque intenta compensarlo aumentando la actividad en zonas más profundas y primitivas.
«Incorporar esta evaluación podría ser una herramienta accesible para identificar personas en riesgo antes de que la demencia avance», afirmó Ibáñez.
Esperanza para contextos de bajos recursos
Para especialistas como el Dr. Fernando Taragano, secretario de la Asociación Argentina de Psiquiatras, este avance es vital para la región. Si bien el índice no reemplaza el diagnóstico biológico (no indica qué proteína está fallando), sí funciona como un filtro de alta precisión.
«Identifica quién merece una evaluación más compleja, permite optimizar el uso de recursos y brindar más precisión», señaló Taragano. Al ser muchos de los factores medidos (como la diabetes o el sedentarismo) tratables, el índice no solo sirve para diagnosticar, sino para abrir una ventana a la prevención.
El desafío a futuro
Aunque el estudio es un hito para la ciencia latinoamericana, los investigadores advierten que es una «fotografía» del momento. El siguiente paso será realizar seguimientos a largo plazo para determinar si la fragilidad es la causa o la consecuencia del daño cerebral, e integrar estos protocolos en la atención primaria de toda la región.

















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