En una entrevista con Quiero a mi País, el escritor Luis Faura presentó «Cuatro de espadas y corazones», una novela sobre amistad, amor, memoria y los vínculos que sobreviven al paso del tiempo.
Hay momentos en la vida en los que una experiencia límite puede abrir una puerta que permaneció cerrada durante décadas. Para Luis Diego Faura, ese proceso comenzó con la pérdida de su esposa y continuó durante el aislamiento provocado por la pandemia de 2020. Después de cuatro décadas dedicadas a la ingeniería, aquella sucesión de acontecimientos funcionó como un verdadero “descongelamiento” de una vocación literaria que llevaba desde la infancia.
«Creo que empezó con que murió mi mujer y eso significó un cambio importante. Y eso me empujó. Después, bueno, murió mi mujer y a continuación vino la pandemia… se ve que de alguna manera descongeló muchas cosas».
Desde entonces, Faura comenzó a escribir de manera constante y construyó una prolífica producción que incluye novelas, cuentos y poesía. Actualmente trabaja en su noveno libro y acaba de presentar “Cuatro de Espadas y Corazones”, una novela atravesada por la amistad, el amor, la memoria y las cuentas pendientes del pasado. En Quiero a mi País hablamos con Faura para que nos cuente más sobre su nueva novela.
Cuatro amigos y una historia que atraviesa dos décadas
La novela comienza a fines de la década de 1960, cuando cuatro jóvenes provenientes de distintos estratos sociales y culturales coinciden durante la colimba, el antiguo servicio militar obligatorio, en un regimiento de la Patagonia.
La convivencia en ese contexto extremo genera vínculos que, pese al paso del tiempo y a los desencuentros, permanecen de alguna manera intactos. Dos décadas después, ya en los años 80, los cuatro amigos vuelven a encontrarse en Buenos Aires con motivo de un recital de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota en el estadio Obras.
Lo que inicialmente parecía ser una noche destinada a recuperar viejas amistades y compartir música se transforma en el escenario para que afloren tensiones, secretos y cuentas pendientes acumuladas durante años.
Aunque los protagonistas centrales son cuatro hombres, la novela incorpora también las historias de doce mujeres relacionadas con ellos. A través de esos personajes, Faura explora distintas formas de entender el amor, los desencuentros y las dificultades que aparecen cuando las personas quedan expuestas frente a sus propios sentimientos.
“Son cuatro historias de cuatro tipos desnudos frente al amor… tratando de entender de qué va la cosa, cada cual con su propia alquimia, sus propias herramientas y sus propios desamores y desencuentros», explica el autor.
La colimba como crisol social
Uno de los elementos centrales de la novela es la representación de la experiencia militar. Para Faura, la colimba tenía una característica particular: reunía a jóvenes que provenían de mundos muy diferentes y los obligaba a compartir una misma realidad cotidiana. El escritor, que realizó personalmente el servicio militar, recuerda aquella experiencia como un espacio capaz de mezclar distintos estratos sociales, niveles culturales y situaciones económicas.
«Lo que tenía la colimba era eso, juntar de distintos estratos sociales, distintos niveles culturales y económicos y los metía en un caldo único que e irrepetible».
La convivencia, las dificultades y los padecimientos cotidianos podían convertirse así en el origen de amistades profundas. Personas que en circunstancias normales probablemente nunca se hubieran conocido terminaban compartiendo una experiencia que podía generar vínculos duraderos.
Esa experiencia personal fue una de las fuentes utilizadas por Faura para construir las personalidades y dinámicas humanas de sus protagonistas. Sin embargo, el autor aclara que “Cuatro de Espadas y Corazones” no es una novela autobiográfica.
“Las fuentes de inspiración están en la calle”
Para Faura, escribir no significa necesariamente inventar mundos extraordinarios. Muchas veces, sostiene, las historias aparecen en la vida cotidiana, en las personas y en las situaciones que se observan con atención.
«En realidad las fuentes de inspiración están en la calle, ¿no? Uno no tiene que ser muy creativo, tiene que saber escuchar y estar atento y volcarlo al papel», sostiene.
Sin embargo, su faceta analítica sigue plenamente activa en su rutina: «Ahí es donde aparece el ingeniero… yo por lo menos trabajo 5 horas al día, tanto de escritura como de corrección y a veces leo también y mucha investigación porque todas las novelas tienen un trasfondo histórico… requiere mucho research, tenés que fundamentarte mucho».
Esta rigurosidad metodológica, que ya aplicó al retratar la Argentina de 1975 a 1985 en su primera novela El reloj, sostiene también sus proyectos actuales: una ficción sobre una refugiada croata tras la guerra de los Balcanes y otra enfocada en los dilemas familiares de la vejez, temática sobre la que reflexiona que «cada año que la gente progresa en su vida, alguien detrás está pagándolo afectivamente, no solo económicamente».
Dos nuevas novelas en marcha
Actualmente Faura está escribiendo otras dos novelas de manera simultánea. Una de ellas está protagonizada por una inmigrante croata refugiada de la guerra de los Balcanes que llega a Buenos Aires. El personaje carga con una memoria marcada por la violencia del conflicto y su historia requiere, como sucede con las demás obras del autor, una profunda investigación histórica.
La segunda novela aborda una problemática completamente diferente pero de enorme actualidad: los efectos afectivos y económicos de la longevidad dentro de las familias. Faura plantea allí una pregunta incómoda sobre las consecuencias de una vida cada vez más prolongada. El aumento de los años de vida no solamente implica una cuestión económica para quienes deben sostener a los adultos mayores, sino también un costo emocional para las generaciones que asumen esas responsabilidades.
El escritor advierte que esa situación puede generar importantes tensiones familiares en los próximos años.











































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