El kirchnerismo exige la libertad de CFK como eje central para 2027 y profundiza la fractura en el PJ bonaerense.
La tregua en el peronismo parece haber volado por los aires. En una semana marcada por cruces de alto voltaje, el sector más fiel a Cristina Fernández de Kirchner notificó al gobernador bonaerense, Axel Kicillof, que su respaldo para una eventual candidatura presidencial en 2027 tiene un precio innegociable: la libertad y centralidad política de la exmandataria.
La tensión, que escaló de los despachos a las redes sociales y actos públicos, se cristalizó este lunes con declaraciones de Máximo Kirchner. En el aniversario de la elección de Néstor Kirchner en 2003, el líder de La Cámpora acusó al «pejotismo» de subestimar la situación de su madre: «La detuvieron para evitar que aparezca y gane. Imagínense una Cristina caminando», lanzó, en un dardo teledirigido a la gobernación platense.
El detonante: «Cristina está proscripta, el peronismo no»
El conflicto terminó de estallar tras las declaraciones de Carlos Bianco, ministro de Gobierno y mano derecha de Kicillof. Bianco encendió la mecha al afirmar que «el peronismo no está proscripto» y que sería un error no tener candidatos propios independientemente de la situación judicial de Cristina.
La respuesta del kirchnerismo no se hizo esperar. La senadora bonaerense Teresa García recriminó a Bianco rápidamente: «Hay quienes la quieren lejos del escenario político».
Asimismo, Florencia Saintout del Instituto Cultural de la Provincia reclamó por la libertad de Cristina: «No es posible ser militante del PJ si no nos planteamos estrategias para liberar a Cristina».
Por otro lado, el diputado Horacio Pietragalla apuntó contra quienes no visitan a la expresidenta en su detención: «Hay quienes se hacen los boludos».
Una grieta de estrategia y «gestos humanos»
Más allá de lo electoral, la pelea tomó un cariz personal. Se le reprocha a Kicillof no haber visitado a la expresidenta, un malestar que se filtró en un grupo de WhatsApp de intendentes. Allí, la intendenta de Quilmes, Mayra Mendoza, le recriminó a Bianco comparar su reciente operación en Barcelona con la situación de Cristina: «A ella le tocó presa», sentenció.
La diferencia también es de fondo en cuanto al armado de alianzas. Mientras Kicillof busca construir un «frente anti-Milei» que incluya a sectores ajenos al peronismo (como los recientes encuentros con Emilio Monzó y Nicolás Massot), Máximo Kirchner rechaza confluir con quienes «votan a favor del oficialismo en el Congreso».
«Todo lo ‘anti’ no funcionó. La prioridad tiene que ser el programa», subrayó el hijo de la expresidenta, marcando una distancia estratégica insalvable por el momento.
El tablero hacia 2027
El kirchnerismo ya desliza que, de no haber un cambio de actitud en La Plata, podrían explorar un camino electoral alternativo para las presidenciales. Además, la presión se traslada a la sucesión en la provincia de Buenos Aires. La Cámpora no está dispuesta a ceder la candidatura a gobernador y ya asoman nombres como la propia Mayra Mendoza o el mismo Máximo Kirchner para disputar ese territorio.
Con la relación entre Kicillof y su exjefa política virtualmente rota —no hablan desde la noche de la derrota legislativa en octubre—, el peronismo bonaerense se encamina a una definición traumática: o el gobernador se encolumna tras la bandera de «Cristina libre», o deberá enfrentar un escenario de fractura frente a un núcleo duro que ya no oculta su hostilidad.















































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