La multitudinaria marcha y el contundente mensaje de la Iglesia en Liniers marcan una jornada de alta tensión social.
La festividad de San Cayetano volvió a movilizar a miles de fieles hacia el santuario de Liniers, en una jornada donde la tradicional devoción por el pan y el trabajo estuvo marcada por un fuerte trasfondo social, marchas sindicales y homilías con duras críticas a la situación económica y a la clase política.
Desde las primeras horas de la madrugada, los creyentes formaron filas de hasta diez cuadras para ingresar al templo ubicado en Cuzco 150. Con estampas y espigas de trigo en mano, la multitud buscó agradecer y pedir por estabilidad laboral, en un clima donde se multiplicaron los testimonios de personas desempleadas, jubilados en busca de ingresos extra y familias afectadas por los aumentos en alquileres, transporte y servicios básicos.
El mensaje de García Cuerva

La misa central estuvo a cargo del arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge Ignacio García Cuerva, quien pronunció un mensaje enfocado en la dignidad humana y los límites de la economía de mercado. Ante los fieles, cuestionó a los dirigentes que se encuentran distantes de los sectores vulnerables y advirtió que el pueblo está «cansado de promesas incumplidas».
El arzobispo señaló la precariedad salarial y remarcó la importancia de promover el empleo sobre la resignación o el endeudamiento. Al citar la Doctrina Social de la Iglesia y textos de León XIV, sostuvo que la libertad económica debe orientarse al bien común, instando a multiplicar la justicia social, el diálogo y el consenso en la Argentina. Asimismo, García Cuerva celebró la confirmación de la próxima visita del Papa a la Argentina en noviembre, destacando que el pontífice llegará al país tras su paso por Uruguay y Perú.
De Liniers a Plaza de Mayo y termómetro social
El impacto de la crisis también fue reflejado por las autoridades del propio santuario. El párroco de San Cayetano, Lucas Arguimbau, definió al templo y sus servicios como un «termómetro» de la realidad actual, señalando un incremento en la asistencia de personas en situación de calle y el acercamiento de un 15% de adultos mayores jubilados al área laboral de la parroquia para intentar insertarse en el mercado de trabajo. Un estudio de la Universidad de Buenos Aires difundido durante la fecha coincide con este panorama, al indicar que más del 35% de la población asistió a alguna institución religiosa en el último año, buscando asistencia económica, alimentaria o laboral en una parte sustancial de los casos.
A la manifestación religiosa se le sumó la dimensión política y gremial. Columnas de organizaciones sociales como la UTEP y de la CGT partieron desde Liniers y marcharon unos 15 kilómetros hasta la Plaza de Mayo bajo reclamos por empleo digno. En la zona de Liniers también estuvo presente el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, quien acompañó la jornada, cuestionó la política económica del gobierno nacional y criticó los recientes operativos policiales en la zona del Congreso.
“No venimos a tener ningún protagonismo, es un día de fe, la idea no es partidizar, vengo a acompañar a un pueblo que está sufriendo”.
Pasada la tarde, tras la desconcentración de las marchas en el centro porteño, las filas en el santuario de Liniers continuaban activas con el flujo constante de peregrinos, reafirmando una vez más a la festividad del 7 de agosto como un punto de encuentro decisivo entre la fe popular y las demandas sociales del país.














































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