Braian Ross presenta La suerte ajena, una comedia dramática sobre crisis, empatía y la fuerza del teatro independiente. Funciones en el Teatro Border.
En tiempos difíciles, el teatro independiente argentino reafirma su capacidad para transformar las heridas cotidianas en refugios colectivos. Así lo demuestra el dramaturgo y actor Braian Ross en La suerte ajena, obra teatral escrita por él y dirigida por Flor Bertol. En una entrevista con Quiero a mi País, el actor habló sobre su nueva obra de teatro.
La propuesta nació a partir de un trago amargo personal: el intento de estafa telefónica, el popular «cuento del tío», que sufrió su propia madre hace unos años. Lejos de quedar atrapado en la anécdota, Ross utilizó ese hecho para construir una comedia dramática profundamente humana, enmarcada en las cíclicas crisis de Argentina que empujan constantemente a la sociedad a agudizar el ingenio para subsistir.
«A mi mamá le hicieron el cuento del tío hace un tiempo… y con esa experiencia se me ocurrió escribir esta historia… viendo cómo está la situación del país y todo… este país es tan cíclico con las crisis que todo el tiempo estamos remándola, todo el tiempo estamos poniéndonos creativos para ver de qué manera poder hacer un mango.»
Una llamada en la noche y el encuentro de dos necesidades
La trama de La suerte ajena sigue la vida de Pucho y Mercedes, una pareja acorralada por la falta de recursos y la amenaza inminente de un desalojo. Él acaba de perder su puesto tras el cierre del restaurante donde trabajaba; ella intenta aportar como coach ontológica y fabricante casera de velones. Ante el nacimiento venidero de su bebé y en un acto de franca desesperación, encuentran guías telefónicas antiguas y deciden concretar una estafa telefónica haciéndose pasar por familiares de un jubilado.
El azar interviene cuando la llamada atiende en el domicilio de Gregorio, un hombre mayor sumido en el dolor tras la reciente muerte de su mejor amigo y decidido a quitarse la vida esa misma noche. Lo que prometía ser una tragedia o un delito sin escrúpulos se convierte en un giro imprevisto de salvación mutua. Gregorio descubre el engaño, pero decide dejarse estafar voluntariamente con tal de esquivar la soledad absoluta; la pareja, a su vez, descubre en el anciano una contención afectiva paternal y una solución para su crisis habitacional.
«Los terminan conectando las necesidades que son muy humanas, muy muy primitivas… Él se deja estafar para no estar solo y ellos se permiten ser parte de la vida de él también para poder facilitar una cierta vivienda y, en este caso, el cariño de una imagen más paternal…»
La dirección de Flor Bertol
El montaje y desarrollo actoral de la propuesta cuenta con la mirada de Flor Bertol, con quien Ross ya había compartido una fructífera experiencia en Yo no soy Frida, pieza donde el actor encarnó al célebre muralista Diego Rivera. La metodología de trabajo con la directora se caracteriza por una guía sutil, dinámica y profundamente colaborativa.
Según relata Ross, Bertol propone un ritmo ágil desde el primer momento, permitiendo que la construcción del personaje fluya sin necesidad de una investigación exhaustiva previa, sino a través de la propuesta directa del intérprete guiada de forma imperceptible por la mirada de la directora.
«Eso es lo que tiene una buena dirección, que uno empieza a proponer, ella te empieza a guiar, te empieza a llevar y de repente terminas haciendo un personaje que está completamente alejado de vos, pero al mismo tiempo tiene que ver con todo…»
La fogata milenaria frente a la era digital
Durante la entrevista, Ross reflexionó sobre los desafíos económicos que atraviesa el circuito teatral independiente en la actualidad. A pesar de los obstáculos, remarcó que el sector logra sostenerse gracias a una sólida red solidaria entre colegas, donde el apoyo mutuo, la recomendación sincera y el clásico «boca en boca» resultan vitales para llenar las salas. A este engranaje se suma la flexibilidad de los espacios teatrales para brindar descuentos y el compromiso continuo de un público que realiza su propio esfuerzo para mantener viva la actividad.
«Colaboramos mucho con el boca en boca también cuando nos gusta mucho una obra… hay que ayudarse. Esta es una comunidad muy hermosa en ese sentido.»
Frente al incontenible avance de la tecnología y las nuevas plataformas, el actor y autor se mostró contundente respecto al valor insustituible del arte escénico en vivo, defendiendo el calor del encuentro presencial como una condición esencial de nuestra especie.
«Y además lo más maravilloso que tiene todo es que terminamos ganándole a la inteligencia artificial en cierta forma, porque si hay algo que no va a poder reemplazar la IA es la comunión, ¿no? Esta cosa humana primitiva que necesitamos… El teatro termina siendo esa fogata primitiva y creo que no se va a apagar nunca. No se murió en ningún momento, el teatro es milenario.»
La suerte ajena se presenta en el Teatro Border (Godoy Cruz 1838, CABA) todos los lunes a las 20:30 hs. Las entradas pueden adquirirse directamente en el sitio web del Teatro Border o mediante Alternativa Teatral.















































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