El gobernador de Córdoba habilita el diálogo con Axel Kicillof y el PJ nacional mientras blinda su armado local para la reelección en 2027.
Martín Llaryora despliega una estrategia de «supervivencia y expansión». El mandatario cordobés ha comenzado a mover sus fichas más allá de los límites provinciales, permitiendo que el peronismo de Córdoba vuelva a sentarse en las mesas de debate nacional, aunque manteniendo una distancia prudencial del kirchnerismo duro.
El retorno a Parque Norte: ¿Fin del aislamiento?
Después de años de ostracismo voluntario en los debates del PJ nacional, el «cordobesismo» volvió a mostrarse en Buenos Aires. Con el aval del ministro de Gobierno, Manuel Calvo, y tras un acuerdo con la diputada Victoria Tolosa Paz, una docena de intendentes y funcionarios de primera línea —como el secretario de Integración Territorial, Nadir Nifury— participaron del encuentro del Peronismo Federal en Parque Norte.
La clave de este acercamiento fue la «deskirchnerización» del evento. «Vimos discusiones no habituales, una mirada extra AMBA», confiaron fuentes presentes a este medio, destacando ejes como el federalismo y las retenciones. Sin embargo, desde El Panal advierten que el termómetro lo maneja Llaryora: la prioridad absoluta sigue siendo Córdoba.
Kicillof en Córdoba: visita con «venia» pero sin foto
La semana entrante estará marcada por el desembarco de Axel Kicillof en suelo cordobés. El gobernador bonaerense llegará con una agenda que incluye su participación en el congreso de la sanidad (FATSA), invitado por Héctor Daer, y la firma de convenios en Cosquín y con la UTN.
Pese a que en el peronismo cordobés admiten que Llaryora y Kicillof «hablan permanentemente», el gobernador cordobés evitará la foto política. En una de sus clásicas «escapaditas convenientes», Llaryora viajará a San Juan para la Expo Minera el mismo día que Kicillof pise la provincia.
«Todos son bienvenidos a la República de Córdoba, pero no habrá foto», aseguran desde el Centro Cívico, manteniendo el equilibrio entre la gestión compartida con otros gobernadores y la necesidad de no quedar pegado al proyecto del bonaerense ante el electorado local.
Guerra de «locros» y el pacto Juez-Milei
El clima de tensión también se trasladó a las celebraciones del 1° de mayo. Luis Juez movió su tradicional locro del Comedor Universitario a un salón premium en el Alto Botánico, lo que desató una lluvia de críticas del oficialismo provincial. El ministro Miguel Siciliano calificó el cambio como una «indignidad», acusando a Juez de dar la espalda a la universidad pública para apoyar el ajuste de Javier Milei.
En el bando opositor, el locro sirvió para sellar la unidad del «mileísmo» cordobés hacia 2027. Gabriel Bornoroni, el hombre fuerte de Karina Milei en la provincia, y Luis Juez mostraron sintonía, aunque el senador sorprendió con un baño de realismo: «Probablemente no nos toque conducir este proceso, pero para ganar vamos a apoyar a muerte a quien le toque». Juez aprovechó para disparar contra Rodrigo de Loredo, advirtiendo que «quienes especulan van a quedar afuera».
El horizonte 2027
Llaryora no descuida ningún frente. Mientras su ministro Siciliano endurece el discurso contra la «crueldad» del gobierno nacional por el desfinanciamiento del PAMI y la obra pública, el gobernador sigue acechando la relación con Mauricio Macri, coquetea con figuras como Dante Gebel y mantiene puentes con Maximiliano Pullaro.
La estrategia es clara: esperar los errores de Milei, gestionar la crisis local y, sobre todo, no cerrar ninguna puerta nacional mientras el peronismo —con Kicillof a la cabeza— busca desesperadamente que el «impenetrable cordobés» finalmente se abra.














































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