A tres días del balotaje en Brasil, Lula da Silva y Flávio Bolsonaro empatan con el 50% de los votos válidos según la última encuesta de Datafolha.
A tres días de las elecciones en Brasil, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva y el senador Flávio Bolsonaro registran un empate técnico con el 50% de los votos válidos de cara a la segunda vuelta. Los datos se desprenden del último estudio del instituto Datafolha, encargado por TV Globo y el diario Folha de São Paulo.
El estudio, realizado entre el 20 y el 22 de octubre sobre un universo de 2.520 electores y con un margen de error de dos puntos porcentuales, marca la primera vez en toda la segunda vuelta que ambas figuras registran un empate numérico absoluto. El dato inyecta optimismo e impulso en las filas del oficialismo, que ha logrado recortar paulatinamente la distancia frente al candidato de la derecha en las últimas semanas. Hace quince días, Datafolha otorgaba a Flávio Bolsonaro un 52% frente al 48% del actual mandatario, brecha que se redujo a 51%-49% la semana pasada antes de desembocar en la paridad total anunciada este jueves.
En términos de intención de voto total, indicador que contabiliza los votos en blanco, nulos e indecisos, la contienda refleja la misma extrema paridad: el hijo primogénito del expresidente Jair Bolsonaro obtiene un 47% frente al 46% del presidente brasileño. La mínima diferencia de un punto confirma el escenario de empate técnico dentro del margen de error, una lectura convergente con la medición difundida el miércoles por la firma Quaest (45% para Bolsonaro y 44% para Lula, tras entrevistarse a 2.154 electores).
Factores clave del repunte de Lula
La remontada del presidente brasileño coincide con una recuperación de la percepción pública sobre su gestión. Según Datafolha, Lula logró situar su nivel de aprobación en el 49% frente a un 48% de desaprobación, alcanzando por primera vez en varios meses un saldo favorable que los analistas juzgan crucial para sus aspiraciones de reelección y para conquistar un cuarto mandato no consecutivo.
El crecimiento del progresismo responde, según observadores, a la intensa movilización popular en calles y redes sociales tras una primera vuelta que el propio Lula tildó como la más «desorganizada» en décadas. A ello se suman importantes iniciativas de política económica y laboral impulsadas desde el Gobierno en el tramo final de la campaña: la promulgación en el Congreso de la reducción de la jornada laboral de 44 a 40 horas semanales con dos días de descanso sin recorte salarial, medidas de perdón de deudas para microempresarios y el proyecto de ley para garantizar transporte público gratuito los fines de semana.
El reto del antecedente histórico
Pese al impulso del oficialismo, Flávio Bolsonaro conserva el antecedente favorable de la primera vuelta celebrada el pasado 4 de octubre, en la que se impuso como el candidato más votado con el 47,03% de los votos frente al 45,16% de Lula. El desempeño del senador conservador en esa primera etapa desautorizó los pronósticos de la mayoría de los sondeos previos, que anticipaban una ligera ventaja favorable al mandatario.
El desafío para la izquierda no es menor si se repasa la historia democrática reciente de Brasil: en los siete balotajes presidenciales celebrados hasta la fecha, el ganador final fue siempre quien había liderado el escrutinio en la primera vuelta.
La polarización que atraviesa al gigante latinoamericano vivirá este viernes su punto más alto con el segundo y último debate televisado entre ambos aspirantes, donde se prevén intensos cruces y reproches mutuos, a la luz del tenso debate inicial que mantuvieron el pasado domingo. Ambas candidatos pondrán punto final a sus campañas el sábado con actos masivos.















































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