Una ola de protestas sacude a Europa por la inflación, recortes educativos y crisis de vivienda. Hay miles de detenidos y graves disturbios.
Una masiva ola de manifestaciones convulsionó este fin de semana a varias de las principales capitales europeas. Lo que comenzó en muchos puntos como movilizaciones pacíficas impulsadas por estudiantes, docentes y sindicatos, escaló rápidamente hacia graves disturbios, incendios y duros enfrentamientos con las fuerzas de seguridad. El descontento acumulado por la pérdida de poder adquisitivo, la crisis de la vivienda, los recortes educativos y el incremento del gasto militar encendieron una mecha difícil de apagar.
Francia: caos, destrozos e miles de detenidos
Francia concentró los episodios más graves, donde más de 550.000 personas salieron a las calles en todo el país. Las marchas, iniciadas en septiembre tras protestas estudiantiles por la falta de recursos y presupuesto en la educación pública, derivaron en disturbios. En París y otras ciudades principales, grupos de manifestantes encapuchados saquearon comercios y provocaron incendios.
Uno de los hechos más graves aconteció en Limoges, donde un incendio prácticamente destruyó el histórico ayuntamiento y causó el colapso de su campanario de 143 años de antigüedad. Sedes municipales en Marsella y Lille también registraron irrupciones y vandalismo.

El saldo a nivel nacional fue devastador: las autoridades reportaron al menos dos personas fallecidas, más de 500 agentes de seguridad heridos y alrededor de 2.000 detenidos, incluidos cientos de menores de edad. Varios manifestantes sufrieron heridas graves, entre ellos dos que sufrieron la amputación de sus manos.
El presidente Emmanuel Macron advirtió que no habrá impunidad para los violentos: «Quienes destruyeron deben pagar. Quienes saquearon deben devolver el dinero», declaró el mandatario; prometió además medidas e iniciativas internacionales para frenar la escalada de precios. Sin embargo, la crisis tensiona el escenario político a seis meses de las elecciones presidenciales.
Bélgica e Italia: choques policiales y huelga general
En Bélgica, las movilizaciones contra los recortes en educación, salud y prestaciones sociales dejaron cerca de 200 personas arrestadas en Bruselas y Lieja. La policía belga recurrió a gases lacrimógenos y cañones de agua para dispersar a los manifestantes, quienes causaron daños en el mobiliario urbano, incendiaron contenedores y provocaron el corte de líneas de transporte público.

Por su parte, Italia vivió violentos desmanes en el centro de Milán. En la emblemática Plaza del Duomo, enfrentamientos entre la policía y manifestantes dejaron medio centenar de detenidos y numerosos heridos tras el armado de barricadas y el lanzamiento de petardos. También se registraron incidentes en las estaciones de Bolonia y en Turín. En Roma, una marcha pacífica convocada por la Confederación General Italiana del Trabajo (CGIL) culminó con el anuncio de una huelga general fijada para el 20 de noviembre. La primera ministra Giorgia Meloni condenó los actos de vandalismo señalando que «incendiar nuestras ciudades no es un derecho».

Escalada en Albania y movilización por la vivienda en España y Portugal
La tensión también escaló fuertemente en Albania. En su quinta jornada consecutiva de protestas, el movimiento juvenil e impulsado por el reclamo de gratuidad universitaria exigió la renuncia del primer ministro Edi Rama. Las manifestaciones en Tirana incluyeron ataques con bombas molotov contra la sede del Gobierno y el incendio del Ministerio de Educación. Las autoridades de salud confirmaron más de 200 heridos desde el comienzo de las revueltas, entre ellos 132 policías.

Por su parte, en Portugal y España, las marchas se enfocaron en la crisis de vivienda y la especulación inmobiliaria. En Portugal decenas de miles de personas marcharon en Lisboa y denunciaron que el precio de las viviendas se ha duplicado, lo que imposibilita el acceso al alquiler o la compra de propiedades para jóvenes y familias.
En España ciudades como Barcelona, Valencia, Sevilla y La Coruña presenciaron masivas concentraciones contra la especulación inmobiliaria y el desmesurado aumento de alquileres e hipotecas. Las movilizaciones cobraron mayor fuerza bajo el lema «Ni una Maricarmen más», tras el desalojo y posterior fallecimiento de una mujer de 87 años en Madrid.

Ejes comunes de un descontento regional
Aunque cada país presenta particularidades en su dinámica política y social, las movilizaciones a lo largo del continente comparten reclamos estructurales comunes. Se cuestiona el deterioro y los recortes a la educación pública, la falta de personal docentes, las aulas superpobladas y el aumento de las tasas universitarias.
Asimismo, existe una pérdida sostenida del poder adquisitivo ante el encarecimiento de la canasta básica, combustibles y servicios esenciales. A esto se suman denuncias contra el acceso a la vivienda y el aumento de los alquileres, y las críticas por el incremento de los presupuestos de defensa en detrimento de la inversión social.
Con paros previstos para las próximas semanas e incipientes llamados al diálogo por parte de las autoridades, el clima dibuja un panorama complejo y de incertidumbre para la región.















































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