La Casa Rosada rechaza las acusaciones de Brasil y aclara que el senador no ingresó a la Argentina antes de volar a Estados Unidos.
El Gobierno desmintió categóricamente haber colaborado en el escape de Flávio Bolsonaro hacia Estados Unidos, luego de que el excandidato presidencial brasileño abandonara su país en medio del asombro internacional. La salida del senador del Partido Liberal (PL) se produjo a pesar de que el juez del Supremo Tribunal Federal (STF), Alexandre de Moraes, le había prohibido dejar el territorio nacional y ordenado la entrega de sus pasaportes por una causa por presunto lavado de dinero.
Fuentes oficiales de la Casa Rosada indicaron a la prensa que no tienen constancia de que el dirigente o su familia hayan ingresado a la Argentina como escala previa a su destino final, amparado presuntamente por la administración de Donald Trump. «No tenemos nada que ver», afirmaron voces autorizadas del Gobierno nacional, al tiempo que funcionarios de primera línea y dirigentes libertarios aseguraron haberse enterado del episodio a través de los medios de comunicación.
Versiones periodísticas internacionales, entre ellas del diario Folha de Sao Paulo, sugirieron que la salida de Bolsonaro, acompañado por su esposa Fernanda y sus dos hijas, se habría coordinado desde Washington y podría incluir la concesión de asilo político. Aunque en un primer momento se especuló con el paso de un avión privado por el Aeropuerto Internacional de Puerto Iguazú, la Dirección Nacional de Migraciones emitió un comunicado oficial aclarando que no se registró ingreso alguno del dirigente al país y que la documentación de la aeronave inspeccionada en Misiones se encontraba totalmente en regla, sin planes de vuelo vinculados a la familia Bolsonaro.
Tensión diplomática en aumento
Las sospechas sobre un eventual auxilio argentino cobraron fuerza debido a la explícita alineación política del presidente Javier Milei tanto con Donald Trump como con la familia Bolsonaro. Milei participó activamente en la campaña del candidato conservador en Brasil y, tras el balotaje del domingo en el que Lula da Silva se impuso con el 51,7% de los votos frente al 48,2%, el Gobierno argentino optó por no enviar un saludo oficial al mandatario electo, limitándose a declarar a través del vocero presidencial, Adrián Ravier, que la gestión «tomó nota del resultado electoral».
Ante las acusaciones del diputado brasileño Paulo Teixeira (Partido de los Trabajadores), quien sostuvo que el senador se había refugiado en suelo argentino, desde el entorno del presidente Milei rechazaron de plano las acusaciones. En la Casa Rosada consideran que las versiones buscan perjudicar a la administración libertaria mediante maniobras políticas vinculadas a la oposición argentina. «Las suspicacias que están generando desde Brasil exceden a la cordialidad del vínculo que manteníamos hasta entonces», advirtió un integrante de la mesa política gubernamental.
Mientras se desconoce el paradero exacto de Flávio Bolsonaro y crece la expectativa por una posible orden de prisión preventiva por parte de la Justicia brasileña, la cancillería argentina anticipa un escenario diplomático sumamente complejo. Con las relaciones bilaterales degradas a nivel de negocios y sin señales de acercamiento entre Buenos Aires y Brasilia, el episodio suma un nuevo capítulo de fricción en la región.















































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