Donald Trump sugirió que Estados Unidos podría revisar su apoyo a Gran Bretaña por las islas Malvinas en medio de tensiones por el gasto militar de la OTAN.
En una sorpresiva declaración desde el Salón Oval, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sugirió que su administración evaluaría retirar el respaldo a Gran Bretaña en la disputa con Argentina por la soberanía de las Islas Malvinas. Consultado de manera directa sobre el diferendo, el mandatario afirmó: “Siempre reviso todas las posiciones. Esa es apenas una entre muchas”.
Las palabras del mandatario se dan tras una revelación del diario británico The Telegraph, donde se indicó que altos funcionarios del Pentágono analizaban modificar su posicionamiento sobre Malvinas para instar al gobierno del primer ministro británico, Andy Burnham, a elevar el gasto de defensa al 5% de su PBI.
La advertencia se suma a filtraciones previas de correos internos del departamento de defensa norteamericano en los que se evaluaban opciones de sanción contra aliados de la OTAN que no apoyaron operaciones de Washington, entre las que figuraba la suspensión de la asistencia a Londres en la disputa por Malvinas.
La postura oficial y el panorama en la Argentina
Pese a las declaraciones del presidente estadounidense, representantes del Departamento de Estado de Estados Unidos y el embajador en la Argentina, Peter Lamelas, mantuvieron la línea oficial al reiterar que Washington conserva una postura de neutralidad: reconocen la administración de facto del Reino Unido sobre el archipiélago, pero sin adoptar una posición sobre los reclamos de soberanía de fondo.
Por su parte, ante el escenario de una eventual revisión formal de la posición de la Casa Blanca, el Gobierno nacional optó por la cautela y la prudencia. En el Gobierno entienden que las afirmaciones se encuadran en la estrategia de presión ejercida por la administración Trump hacia sus socios del Atlántico Norte, más que en un cambio inminente en la agenda diplomática bilateral. De concretarse un giro de esta magnitud, implicaría un fuerte espaldarazo a los reclamos del país en el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas y un reordenamiento clave en la geopolítica del Atlántico Sur.















































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