El exministro pegó el portazo por el blindaje del partido al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, y afirmó que el espacio priorizó la conveniencia política.
Esteban Bullrich, exministro de Educación, exsenador y uno de los dirigentes clave en los orígenes del PRO, presentó este jueves su renuncia irrevocable al partido fundado por Mauricio Macri. Lo hizo a través de una dura carta en la que denunció que la actual conducción prioriza la conveniencia política por encima de la responsabilidad ética.
En la misiva, fechada el 24 de junio y difundida públicamente hoy, el exlegislador expresó un profundo desencanto con el rumbo actual de la fuerza que integró por más de dos décadas: “Desde hace ya un tiempo me cuesta reconocer en muchas decisiones del partido el espíritu que nos dio origen”. Bullrich aclaró que su alejamiento no responde a simples matices o diferencias tácticas, sino a “una distancia cada vez mayor entre los principios que decimos defender y las decisiones que finalmente adoptamos”.
El detonante: el blindaje a Manuel Adorni
El punto de quiebre definitivo para Bullrich fue el rol que asumió el PRO en el Congreso frente al jefe de Gabinete, Manuel Adorni. Específicamente, cuestionó el accionar del bloque de diputados del PRO que, junto a aliados del oficialismo, decidió no dar quórum para evitar que se tratara una posible moción de censura contra el funcionario de La Libertad Avanza.
“La protección brindada a Manuel Adorni fue, para mí, el hecho que terminó de hacer evidente esa distancia”, sentenció Bullrich. Al respecto, reflexionó sobre la pérdida de los valores históricos del partido, afirmando que “cuando la conveniencia política comienza a pesar más que la responsabilidad ética, el liderazgo pierde su sentido más profundo”.
Conciencia y prioridades frente a la enfermedad
El exsenador nacional por la provincia de Buenos Aires —quien renunció a su banca legislativa tras ser diagnosticado con Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA)— compartió cómo su situación de salud transformó su mirada sobre la militancia y la vida.
“Mi enfermedad me obligó a mirar la vida desde otro lugar. Me enseñó que el tiempo es demasiado valioso para vivir en contradicción con la propia conciencia”, manifestó, en sintonía con las enseñanzas de su libro Liderazgo espiritual. En el texto dirigido a Macri, concluyó que permanecer en la estructura partidaria implicaba avalar decisiones con las que ya no comulgaba: “Permanecer en el partido implicaba aceptar silencios y decisiones con las que ya no podía identificarme. La fidelidad a una organización no puede estar por encima de la fidelidad a la propia conciencia”.
Pese a la severidad de sus críticas, Bullrich dedicó un párrafo de reconocimiento hacia el expresidente de la Nación por la trayectoria compartida, agradeciéndole el haber “impulsado un espacio que cambió para siempre el mapa político argentino”, y cerró con el deseo de que el PRO logre reencontrarse con el espíritu de su nacimiento.
Repercusiones y tensión interna
La renuncia de Esteban Bullrich, quien en 2017 alcanzó su mayor hito político al vencer en las urnas a Cristina Kirchner en la provincia de Buenos Aires, reavivó los debates sobre la identidad del PRO y su relación de subordinación o alianza con el gobierno de Javier Milei. Su salida se suma a la de otras figuras de peso histórico, como Patricia Bullrich, quien tras ser la candidata presidencial del espacio en 2023 se alejó para integrarse plenamente a las filas de La Libertad Avanza.
Las repercusiones dentro del arco político no tardaron en aparecer. El diputado nacional y presidente de la Coalición Cívica, Maximiliano Ferraro, respaldó sus palabras destacando su “coraje y dignidad”. En una línea similar se expresó Pablo Avelluto, exsecretario de Cultura de la gestión Cambiemos, quien agradeció su postura: “Escribe palabra por palabra lo que yo mismo sentí en 2023 cuando el partido ató su destino a la extrema derecha de Milei”.
Por su parte, el exembajador Diego Guelar lamentó la pérdida al señalar que Esteban Bullrich “representa el alma de la propuesta de centro derecha democrática”. Con esta baja, el PRO no solo pierde a uno de sus referentes morales más respetados, sino que profundiza una grieta interna difícil de disimular.















































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