Con tres lanzamientos programados para 2026, la agencia espacial estadounidense desplegará drones, rovers avanzados y módulos de carga. El objetivo es consolidar la infraestructura científica y comercial antes de los próximos alunizajes tripulados del programa Artemis.
La carrera espacial del siglo XXI avanza. La NASA presentó oficialmente, en una conferencia de prensa, el estado de desarrollo de su ambicioso plan para establecer una presencia humana sostenida en la Luna. La estrategia contempla el despliegue inmediato de módulos de carga, vehículos robóticos terrestres y, por primera vez, drones diseñados para surcar el enrarecido entorno lunar.
El anuncio estuvo liderado por Jared Isaacman, administrador de la NASA, junto a Lori Glaze, administradora interina, y el ingeniero español Carlos García-Galán, actual director del programa Moon Base. Las autoridades confirmaron que el cronograma de misiones comenzará a ejecutarse a partir de este año, apoyado en una fuerte sinergia con el sector privado y con un foco geográfico unificado: el polo sur de nuestro satélite natural.
Isaacman definió el proyecto como «la primera presencia de Estados Unidos y de la humanidad en otro mundo», remarcando que cada operación, sea tripulada o robótica, operará como un laboratorio de aprendizaje crítico. El fin último es dominar las capacidades técnicas requeridas para vivir y operar de forma permanente en un entorno de hostilidad extrema.

El cronograma de 2026: tres pasos hacia el polo sur
La hoja de ruta inmediata de la agencia se divide en tres misiones iniciales bajo la arquitectura Moon Base, diseñadas para acumular datos operativos y reducir riesgos:
- Moon Base I (septiembre de 2026): se prevé el lanzamiento utilizando el módulo de aterrizaje Blue Moon Mark 1 Endurance, desarrollado por la empresa Blue Origin. Su destino será Shackleton Connecting Ridge, una elevación montañosa estratégica en el polo sur. Esta misión transportará instrumental específico para estudiar el impacto y la interacción de los propulsores con el regolito (suelo lunar), además de un sistema de posicionamiento láser de alta precisión destinado a guiar a las naves en órbita.
- Moon Base II (antes de fin de año): estará a cargo del módulo Griffin de la firma Astrobotic, el cual trasladará más de 500 kilogramos de suministros. Entre la carga se destaca el rover FLIP, propiedad de Astrolab, cuyo propósito principal será testear tecnologías de movilidad para la futura generación de vehículos.
- Moon Base III (programada para 2026): transportará los equipos de la investigación Lunar Vertex. Este estudio científico se centrará en los llamados «remolinos lunares» —manchas claras sobre la superficie— con el fin de descifrar la evolución del suelo y analizar cómo se comportan los materiales bajo condiciones ambientales extremas.
Millonaria inversión en movilidad y exploración aérea
Con la mirada puesta en el año 2028, la NASA también oficializó la adjudicación de fondos clave para el transporte en la superficie lunar. Se otorgaron USD 219 millones a la empresa Astrolab para el desarrollo de un rover tripulado de gran porte, capaz de trasladar astronautas y suministros de forma remota a una velocidad de 10 kilómetros por hora. En paralelo, la firma Lunar Outpost recibió USD 220 millones para fabricar Pegasus (una evolución de su rover Eagle), un vehículo autónomo y teleoperable con un año de vida útil estimada y velocidades que superarán los 14 kilómetros por hora.
Sin embargo, uno de los puntos que mayor interés despertó entre los especialistas fue la presentación de MoonFall. Esta misión secundaria enviará un escuadrón de cuatro drones a la Luna con la tarea de realizar vuelos cortos de reconocimiento sobre la superficie, capturando imágenes de alta resolución en zonas de difícil acceso topográfico.
El Jet Propulsion Laboratory (JPL) se encuentra actualmente a cargo del diseño y testeo del hardware de estos dispositivos aéreos, mientras que la empresa Firefly Aerospace se encargará de construir la nave de traslado orbital. Tras completar los relevamientos visuales durante el día lunar, los instrumentos de los drones —diseñados especialmente para resistir las gélidas temperaturas de la noche en el satélite— continuarán transmitiendo datos científicos durante varios meses.
Hacia la consolidación de Artemis
Desde la dirección de la agencia anticiparon que en las próximas semanas se darán a conocer nuevas adjudicaciones vinculadas a cargas útiles y demostraciones tecnológicas. Todas estas piezas independientes forman parte de un mismo engranaje: construir la infraestructura base para que las futuras tripulaciones del programa Artemis cuenten con soporte logístico, comercial y científico en una región clave para el futuro de la exploración espacial profunda.














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