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Alertan por una ola de fraudes electrónicos: cuáles son las 5 estafas más comunes

fraude en pagos digitales

Los ataques crecen en el país y las empresas buscan frenar las estafas sin trabar las compras legítimas de los usuarios.


El comercio electrónico en Argentina vive un boom histórico. Según la Cámara Argentina de Comercio Electrónico (CACE), la facturación del sector saltó un 55% interanual, alcanzando los $34.033.238 millones. Hoy, el 55% de los ingresos de las tiendas proviene de canales online como Mercado Libre o plataformas propias, con la tarjeta de crédito como el medio de pago predilecto.

Sin embargo, este crecimiento trajo una consecuencia alarmante: una ola de fraude en pagos digitales que ya duplica y triplica los registros internacionales.

Según advierten desde la firma tecnológica Lyra, la tasa de contracargos (chargebacks) en Latinoamérica llega a ser entre 6 y 7 veces más alta que en mercados desarrollados como Estados Unidos o Europa. «La tasa promedio de chargebacks se ubica entre 1,5% y 1,7% del total de transacciones, mientras que el costo total del fraude (incluyendo prevención, pérdidas y gestión) puede alcanzar hasta el 1,9% de los ingresos», señalan las fuentes del sector. El panorama para el ciudadano de a pie es igual de complejo: cerca del 76% de los usuarios reporta haber sido víctima de una estafa en algún momento, y el 63% de los delitos informáticos del país ya se vincula al fraude en medios de pago.

Los expertos atribuyen este fenómeno a una «tormenta perfecta» de factores: la alta penetración de pagos con tarjeta en modalidad «no presente» (card-not-present), una baja adopción histórica de mecanismos de autenticación fuerte, la fragmentación del ecosistema de pagos y un vertiginoso crecimiento del ecommerce (en torno al 20% anual) que amplía constantemente la superficie de riesgo.

Las 5 estafas más comunes en el ecommerce

Dentro del universo de fraudes con tarjeta de crédito, los especialistas identifican cinco modalidades principales que afectan tanto a comercios como a usuarios:

  1. Fraude Card-Not-Present (Tarjeta no presente): es el mecanismo típico del comercio online. Los delincuentes utilizan datos de tarjetas de crédito robadas o filtradas en la web profunda para realizar compras en plataformas digitales.
  2. Card Testing: consiste en realizar pequeñas transacciones automatizadas para validar si los plásticos robados están activos. Una vez confirmado, los estafadores escalan rápidamente a compras de montos mayores. Se combate aplicando límites estrictos al número de intentos de pago.
  3. Phishing, Smishing y Vishing: técnicas de ingeniería social mediante las cuales los usuarios, bajo engaño (vía mails, SMS o llamadas), entregan sus credenciales, claves o códigos creyendo que hablan con su banco, una billetera virtual o un comercio legítimo. Requiere educación al usuario y monitoreo en tiempo real.
  4. Robo de cuenta (Account Takeover): el atacante no roba la tarjeta, sino que vulnera y toma el control de la cuenta del usuario para operar con credenciales válidas. Exige controles rigurosos en el inicio de sesión, alertas ante cambios de datos sensibles y el enrolamiento de nuevos dispositivos.
  5. Fraude amistoso: ocurre cuando el comprador real realiza una compra pero luego la desconoce maliciosamente ante el banco, abusa de las políticas de devolución o inicia contracargos indebidos. Para mitigarlo, los comercios necesitan tecnología de trazabilidad, evidencias de entrega y un monitoreo post-compra riguroso.

El peligro de los falsos positivos

Ante la desesperación por frenar los ataques, muchas empresas recurrieron a controles excesivos y rígidos. ¿El resultado? Una oleada de «falsos positivos» que bloquea transacciones legítimas en hasta un 5,9% de los casos, destruyendo las ventas de clientes reales.

Valeria Rodriguez, directora de Lyra para Argentina y Uruguay, detalla que el principal desafío ya no es sólo frenar el fraude, sino hacerlo sin perjudicar al comprador honesto. «Para evitarlo, es clave trabajar con esquemas de prevención más inteligentes. Eso implica contar con motores de riesgo que analicen en tiempo real variables como comportamiento de compra, historial del cliente, dispositivo utilizado, ubicación o monto de la operación. El sistema debe evaluar cada transacción según su riesgo en lugar de aplicar la misma regla para todos», subraya la ejecutiva, añadiendo que los controles pesados sólo deben activarse ante anomalías claras.

La solución que gana terreno en el mercado combina el protocolo 3D Secure 2.0 (validación biométrica o token) con el modelo Card on File (tarjeta tokenizada y guardada).

La estrategia es simple: se aplica una autenticación fuerte en la primera compra y, en las siguientes, el cliente opera sin fricciones mientras los motores de inteligencia artificial monitorean el riesgo en segundo plano. Así, el ecosistema se protege sin perder ventas.

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