Descubren más de 4.000 piezas arqueológicas en la Casa Blaquier de Monserrat, incluidas monedas coloniales de 1743 y un peón de ajedrez tallado en hueso.
Un importante equipo interdisciplinario integrado por arqueólogos y paleontólogos avanza en la investigación y excavación de la emblemática Casa Blaquier, situada en la calle Defensa 163, en pleno barrio de Monserrat. Los trabajos, iniciados en marzo, identificaron hasta el momento cinco estructuras arqueológicas vinculadas a diferentes etapas de ocupación del predio y rescatar más de 4.000 fragmentos de objetos de uso cotidiano.
La investigación científica fue posible a partir de la restitución del inmueble al Gobierno de la Ciudad en julio de 2025, bajo la gestión de Jorge Macri, en el marco de la política de recuperación de inmuebles ocupados. La propiedad, adquirida originalmente en 1954 por la antigua Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, había permanecido ocupada de manera irregular durante aproximadamente cuatro décadas. Tras su recuperación, las autoridades dieron inicio a las tareas de limpieza, relevamiento técnico y exploración arqueológica.
Monedas coloniales y un peón de ajedrez singular
Entre los objetos rescatados en el sitio arqueológico —que incluye fragmentos de mayólica, porcelana, cerámica, vidrio, pipas de caolín, canicas, cuentas, botones y restos óseos de aves y peces— se destacan piezas de gran valor histórico:
- Dos monedas macuquinas: Una de ellas corresponde a un real, datada en 1743, y la otra, datada en 1749, se encuentra en proceso de identificación detallada. Ambas corresponden al tipo de moneda acuñada artesanalmente a golpes de martillo durante el período colonial, posiblemente en cecas como Lima o Potosí. Por el nivel arqueológico donde se hallaron, se las vincula con el siglo XVIII, etapa en la que la propiedad perteneció a Lucía de Herrera.
- Un peón de ajedrez de hueso: Se trata de una pieza pequeña compuesta por dos partes encastradas, elaborada probablemente en el siglo XIX. Por sus características estilísticas, los especialistas la relacionan con las piezas francesas tipo Dieppe. Representa a un soldado y, según una de las hipótesis en estudio, podría haber pertenecido a un integrante del Regimiento de Pardos y Morenos, conformado por soldados negros libertos y mulatos durante las guerras de la Independencia.

Estructuras bajo tierra
Las labores de excavación permitieron ubicar letrinas, sumideros y pozos de descarte. Una de las letrinas halladas, construida con ladrillos pegados con barro, mide 1,82 metros de largo por un metro de ancho y ya alcanza los seis metros de profundidad. Los primeros dos metros de esta estructura aportaron una cantidad significativa de los elementos analizados.
Asimismo, se identificó un sumidero de aguas servidas cubierto por una bóveda de ladrillos que recibía los efluentes de la cocina, así como una cisterna con agua en su interior que presenta al menos cinco metros de distancia entre el brocal y el nivel hídrico. Esta última estructura aún no ha podido ser excavada completamente debido a las dificultades de acceso y a las construcciones posteriores que se erigieron sobre ella.
Para estudiar el subsuelo sin realizar intervenciones destructivas inmediatas, el equipo cuenta con el apoyo de la Dirección General de Antropología Urbana del Ministerio de Movilidad e Infraestructura, que utiliza tecnología de georradar para detectar paredes y conductos antiguos. El estudio de estas estructuras permitirá profundizar la comprensión sobre cómo se gestionaba el abastecimiento y descarte de agua en la Buenos Aires previa a la red de agua corriente.

Un predio con más de cuatro siglos de historia
La historia del solar de Defensa 163 se remonta a la fundación de la ciudad por Juan de Garay en 1580, cuando el terreno fue asignado a Alonso Escobar, miembro de la expedición fundadora. Aunque las primeras edificaciones de madera, adobe y paja no sobrevivieron, sus vestigios permanecen en los estratos arqueológicos en estudio.
Durante el siglo XVIII, el predio estuvo vinculado a la Compañía de Jesús y más tarde pasó a manos de Lucía de Herrera y Esteban Villanueva, período en el cual se levantó una de las primeras casas de dos plantas de la zona. En el siglo XIX, el predio tuvo múltiples usos: funcionó como vivienda, comercio, espacio productivo y vivienda multifamiliar de inmigrantes. En 1925, José Blaquier adquirió el inmueble y lo reorganizó como vivienda colectiva con patios y servicios compartidos, hasta su posterior compra municipal en 1954 y la etapa de ocupación irregular iniciada en los años 80.
Actualmente, todos los objetos rescatados son procesados mediante tareas de limpieza, catalogación, identificación, fotografía e inventario. Una vez acondicionados, pasarán a formar parte del acervo arqueológico custodiado por el Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires para su conservación y posterior estudio.















































Deja una respuesta