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Elecciones en Perú: resultados oficiales muestran mínima ventaja de Keiko Fujimori

Elecciones en Perú resultados oficiales

Con el 90,4% de las actas procesadas por la ONPE, la candidata de Fuerza Popular supera a Roberto Sánchez por menos de un punto de diferencia.


Con el 90,488% de las actas contabilizadas por la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), la candidata de derecha Keiko Fujimori lidera el escrutinio con el 50,481% de los votos. Su rival de izquierda, Roberto Sánchez, alcanza el 49,519%, situándose a una distancia de apenas 164.735 sufragios.

La brecha entre ambos competidores se sitúa en apenas 164.735 votos y continúa reduciéndose a medida que ingresan las nuevas actas del «Perú profundo». Este escenario de «empate técnico» —con una diferencia del 0,96%, inferior al margen de error— mantiene en vilo al país, reviviendo el fantasma de los comicios de 2021, cuando Fujimori lideró los primeros reportes pero terminó perdiendo la presidencia ante Pedro Castillo por unos 40.200 votos.

Empate técnico y actas clave

El inicio del escrutinio oficial ratificó las proyecciones de los sondeos de boca de urna difundidos al cierre de las mesas de votación. La encuestadora Ipsos había asignado un 50,7% a Fujimori frente a un 49,3% de Sánchez, mientras que la firma Datum proyectó un 50,53% contra un 49,47% respectivamente.

Pese a que el conteo oficial inicial —al 40% de las mesas— llegó a otorgarle a la líder de Fuerza Popular una ventaja del 52,66% sobre el 47,33% de su rival, la distancia se ha ido acortando drásticamente. Actualmente, quedan pendientes de procesar el 7,907% de las actas (7.335 en total), mientras que otro 1,605% (1.489 actas) han sido derivadas al Jurado Electoral Especial (JEE) debido a observaciones, por lo que el resultado definitivo podría demorarse varios días.

Ante la estrechez de las cifras, las reacciones de los candidatos reflejaron la polarización de la campaña:

Roberto Sánchez:

El exministro de izquierda compareció ante una multitud de simpatizantes congregados en la Plaza San Martín de Lima. Desde el balcón, se atribuyó la victoria y calificó la jornada como la «recuperación de la democracia para el pueblo» y el fin de un «pacto mafioso». Previamente, en declaraciones televisivas, insistió en el «empate estadístico» y recordó que históricamente los sondeos de boca de urna suelen subestimar a los candidatos que terminan ganando en el tramo final del conteo rural.

Keiko Fujimori:

En su cuarto intento por alcanzar la presidencia, la líder conservadora optó inicialmente por la cautela y canceló su conferencia de prensa programada. Horas más tarde, negó que exista un triunfador definitivo. «Sería irresponsable definir el resultado ahora», declaró, al tiempo que pidió a sus personeros (veedores electorales) redoblar los esfuerzos en el conteo de votos. Asimismo, se comprometió a respetar el resultado final, sea cual sea, e instó a su oponente a hacer lo mismo.


Paz en las urnas frente a una crisis estructural

En contraste con el desorden logístico y la hiperfragmentación de la primera vuelta —donde compitieron más de 30 candidatos y Fujimori lideró con apenas algo más del 17%—, este balotaje se caracterizó por la normalidad operativa.

La misión de observación electoral de la Organización de Estados Americanos (OEA), encabezada por Víctor Rico, constató que la jornada transcurrió «de manera tranquila y en paz» tras supervisar unos 300 centros de votación. En sintonía, el presidente del Jurado Nacional de Elecciones (JNE), Roberto Burneo, descartó tajantemente las sospechas de fraude y demandó «responsabilidad democrática» a la clase política. Minutos antes, el presidente interino, José María Balcázar, había exhortado al perdedor a ser «hidalgo» y reconocer al ganador, recordando que el país «necesita obras y no peleas».

El próximo mandatario gobernará una nación sumida en una profunda fractura territorial y una inestabilidad institucional que ya es de carácter estructural, reflejada en la cifra récord de ocho presidentes en los últimos diez años. Quien asuma el Ejecutivo se topará con un Congreso fragmentado y dotado de amplias facultades de control (como las mociones de censura), lo que augura desafíos de gobernabilidad mayúsculos debido a la debilidad de los partidos políticos actuales.


Dos visiones para los principales dolores del país

La campaña electoral estuvo fuertemente marcada por las demandas ciudadanas en materia de economía y, de manera prioritaria, ante la alarmante crisis de seguridad ciudadana que golpea con extorsiones y robos a comerciantes, transportistas y pequeños empresarios.

Seguridad y orden

Fujimori articuló su propuesta en torno a la «mano dura», prometiendo el uso de tecnología contra la extorsión, el despliegue de las fuerzas armadas en zonas críticas, el endurecimiento de controles fronterizos y la obligación de trabajar para los reclusos. Por el contrario, Sánchez apostó por reformas estructurales en la Policía Nacional para erradicar la corrupción, potenciando la inteligencia criminal, el ahogo financiero de las bandas organizadas y un enfoque de seguridad comunitaria.

Modelo económico

En el plano financiero, la candidata de Fuerza Popular buscó dar predictibilidad a los mercados mediante la defensa de la apertura a la inversión extranjera y la continuidad de la matriz macroeconómica. Sánchez, cuyo ascenso inicial generó nerviosismo en los sectores empresariales, moderó su discurso en el tramo final asegurando que no realizará nacionalizaciones de recursos naturales, centrando su agenda en la reforma del aparato estatal y el combate a la corrupción.

De consolidarse el triunfo de la hija del fallecido expresidente Alberto Fujimori, Perú se alinearía con la actual tendencia regional del avance de liderazgos de derecha en América Latina, impulsada por el descontento ante la inseguridad y el estancamiento económico. Sin embargo, con un tercio del electorado que llegó al tramo final bajo la categoría de indecisos o inclinados al voto en blanco, el veredicto de las urnas deja en claro que el mayor reto del próximo gobierno no será solo ganar el conteo, sino evitar que la gobernabilidad del país termine de naufragar.

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