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Hallazgo histórico en Chubut: confirman la presencia del lechuzón orejudo por primera vez en la provincia

Investigadores del CONICET documentaron la expansión de esta especie hacia el sur, registrando un nido activo en el Valle Inferior del Río Chubut. El descubrimiento no solo amplía el mapa biológico de la región, sino que revela posibles rasgos de dimorfismo sexual nunca antes reportados en esta rapaz.


Un equipo de científicos del Instituto Patagónico para el Estudio de los Ecosistemas Continentales (IPEEC-CONICET) ha confirmado un hito para la biodiversidad de la Patagonia: el primer registro oficial y reproductivo del lechuzón orejudo (Asio clamator) en la provincia de Chubut. El hallazgo, realizado en el Valle Inferior del Río Chubut (VIRCh), representa una expansión de su distribución conocida de al menos 280 kilómetros hacia el sur.

La investigación fue encabezada por las doctoras Anahí Formoso y Daniel Udrizar Sauthier, junto con los fotógrafos de naturaleza Agustín Esmoris y Darío Podestá. El proceso comenzó tras el avistamiento de un ejemplar con comportamiento territorial en una zona de chacras. Semanas después, los investigadores regresaron al sitio y confirmaron lo que esperaban: una pareja establecida con un nido activo y pichones.

«Hasta ahora, esta especie solo tenía registros aislados en el norte de la Patagonia, como en San Antonio Oeste y Las Grutas (Río Negro). Encontrar un nido con éxito reproductivo en Chubut confirma que la especie no solo está de paso, sino que se ha establecido en el área«, explicaron fuentes del equipo de investigación.

El lechuzón orejudo es una rapaz nocturna de aproximadamente 40 centímetros, caracterizada por sus plumajes claros con estrías oscuras y dos penachos de plumas en la cabeza que simulan ser orejas, de donde deriva su nombre.

Más allá de la novedad geográfica, el hallazgo aportó datos científicos inéditos. Los investigadores observaron diferencias marcadas de coloración entre los adultos: uno presentaba tonos más pálidos y un comportamiento defensivo (presuntamente el macho), mientras que el otro, de tonos canela más intensos, permanecía al cuidado de la cría (la hembra). Este posible dimorfismo sexual no había sido reportado previamente para la especie, lo que abre nuevas líneas de estudio sobre su biología.

El arribo de esta ave a Chubut se asocia a los cambios ambientales y a la creación de microclimas en las áreas bajo riego y arboledas del valle. Su presencia es sumamente beneficiosa para la comunidad local, ya que se alimenta principalmente de pequeños roedores, funcionando como un controlador biológico natural de plagas en los sistemas productivos de la región.

A pesar de su importancia ecológica, los investigadores advierten que las rapaces nocturnas suelen enfrentar prejuicios y mitos culturales que las asocian con la «mala suerte», lo que a veces deriva en su persecución. Por ello, el proyecto del CONICET prevé realizar charlas y talleres educativos en escuelas de la zona para poner en valor al lechuzón orejudo como un componente esencial del ecosistema chubutense.

Desde el IPEEC invitan a los vecinos y observadores de aves a colaborar con el relevamiento, reportando cualquier avistamiento de esta especie para continuar monitoreando su expansión en el territorio provincial.