Tras una fuerte presión de organizaciones vecinales y defensores del patrimonio, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires dio marcha atrás con el permiso de demolición total del inmueble ubicado al 1628 de la avenida más aristocrática del país. El «Palacio Lawson» entra en un período de evaluación de seis meses.
La fisonomía de la Avenida Alvear, símbolo del esplendor arquitectónico de inspiración europea en Buenos Aires, conservará —al menos por ahora— una de sus piezas históricas. En una decisión que marca un nuevo capítulo en la tensión entre el desarrollo inmobiliario y la preservación patrimonial, el Gobierno porteño ordenó la suspensión de las obras en el edificio situado en Avenida Alvear 1628, un antiguo «petit hotel» que data de 1916.
La medida establece un freno de 180 días corridos a los efectos del Permiso de Demolición Total que el propio Ejecutivo local había otorgado inicialmente. Durante este semestre, el Consejo Asesor de Asuntos Patrimoniales (CAAP) deberá realizar una evaluación exhaustiva para determinar si el inmueble posee valores arquitectónicos y culturales suficientes para ser protegido de forma definitiva.
Una polémica que escaló rápido
El conflicto se desató semanas atrás cuando se hicieron públicos los planes de demoler la estructura —donde funcionó durante años la exclusiva tienda Ermenegildo Zegna— para dar paso a un moderno complejo de residencias de lujo.
La reacción no se hizo esperar. Organizaciones como «Basta de Demoler», grupos de vecinos de Recoleta y la asociación Distrito BAFA (Buenos Aires Fashion & Arts) denunciaron que la destrucción de este edificio de 1916 constituiría una pérdida «irremplazable». El argumento central de los defensores del patrimonio es que la construcción, diseñada por el arquitecto Enrique Max Laspé, forma parte de un sistema urbano de alto valor simbólico que no puede analizarse de forma aislada.
Incluso el ámbito inmobiliario se dividió ante la noticia. Iuri Izrastzoff, referente del sector y defensor del patrimonio, calificó la autorización inicial como un «escándalo», señalando la necesidad de proteger los corredores más emblemáticos de la Ciudad ante el avance de proyectos que ignoran el valor histórico.
Antecedentes y futuro incierto
No es la primera vez que la piqueta intenta derribar esta fachada. En 2022, la Comisión Nacional de Monumentos, Lugares y Bienes Históricos ya había intervenido para frenar un proyecto similar, lo que para las asociaciones civiles sienta un precedente legal de «relevancia cultural reconocida».
Por su parte, los desarrolladores del proyecto argumentaban que la propiedad no contaba con una protección individual específica y que los planes estaban «en regla». Sin embargo, ante el actual giro del Gobierno porteño, el futuro del Palacio Lawson queda supeditado a una posible negociación que podría obligar a los propietarios a preservar la fachada original, integrándola al nuevo diseño arquitectónico.
Mientras el reloj de los seis meses empieza a correr, la Avenida Alvear recupera una calma tensa. La decisión de la Ciudad no solo afecta a un número de catastro, sino que reabre el debate sobre qué tipo de ciudad se quiere construir: una que mira hacia el futuro sin borrar las huellas de su identidad más distinguida.














































