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El talento no tiene edad: la clave del valor senior

edadismo laboral y talento senior

La convivencia generacional y la IA exigen redefinir la empleabilidad senior. La experiencia diferenciadora es el nuevo activo estratégico empresarial.


Hasta cinco generaciones conviven hoy en un mismo entorno de trabajo. Sin embargo, en muchas organizaciones de la región, la edad aún opera como un límite invisible. Frente al sesgo del edadismo laboral, Gustavo dos Santos, CEO de HUMAN STADIUM y autor del libro «El talento no tiene edad», sostiene que la longevidad debe leerse como un activo y no como una traba para el desarrollo corporativo.

Para el especialista en transición de carreras y marca personal, la antigüedad acumulada ha dejado de ser una garantía por sí sola si no se traduce en «experiencias diferenciadoras». Descartar el perfil de los colaboradores mayores implica, según advierte, privar a la empresa de su memoria y su ADN. En esta línea, el concepto de éxito profesional ha mutado desde el itinerario tradicional y jerárquico hacia carreras no lineales, caracterizadas por la flexibilidad, las pausas y la diversidad de proyectos. La empleabilidad actual exige no solo «estar en carrera», lo que puede llevar al estancamiento, sino «seguir en carrera» para evolucionar en forma continua.

Prejuicios, inteligencia artificial y el valor intangible

El edadismo se manifiesta habitualmente en las compañías mediante estereotipos y sesgos implícitos en los procesos de selección, donde se cuestiona la capacidad de adaptación, la tolerancia al riesgo o la convivencia multigeneracional de los perfiles senior. A este escenario se suma el avance acelerado de la inteligencia artificial. De acuerdo con el análisis del consultor, quien rescata perspectivas del psicólogo organizacional Tomás Chamorro-Premuzic, la irrupción tecnológica no plantea una competencia entre humanos y máquinas, sino una necesidad de integración efectiva para potenciar resultados en las organizaciones.

En este marco, los profesionales senior aportan activos estratégicos que la tecnología no reemplaza:

  • Capacidad de lectura global frente a crisis y problemas complejos.
  • Redes de contactos consolidadas para la ejecución exitosa de proyectos.
  • Un activo intangible de confianza en el mercado.

De los «knowmads» a los «silver surfers»

La dinámica laboral moderna ha dado lugar a los llamados knowmads (nómadas del conocimiento), profesionales ágiles, creativos y enfocados en proyectos más que en marcas empleadoras. Cuando este perfil se combina con la franja etaria de entre 40 y 60 años, surge el silver surfer, concepto popularizado por la especialista Raquel Roca. Es un profesional que busca mantenerse activo en la cresta de la ola laboral por varias décadas más gracias a su proactividad y pasión renovada.

No obstante, la reinvención o la pérdida de empleo en esta etapa conllevan un impacto emocional considerable, caracterizado a menudo por fases de parálisis profesional. Para superar el temor al vacío, la autoestima actúa como un sistema de defensas del psiquismo, proporcionando resistencia y capacidad de recuperación, aunque se advierte que el ego debe ser controlado para no cegar el aprendizaje.

Neuroplasticidad y un nuevo paradigma de retiro

La formación continua encuentra un aliado biológico en la neuroplasticidad: el cerebro modifica sus conexiones cada vez que adquiere una habilidad, haciendo que la capacitación sea el factor determinante entre la evolución o el estancamiento. Asimismo, el aumento en la expectativa de vida obliga a revisar el esquema tradicional de jubilación. Apoyándose en el Paradigma del Curso de la Vida de la gerontóloga Graciela Zarebski, se propone superar las etapas rígidas de formación, ascenso, declive y retiro, entendiendo la trayectoria profesional como un proceso dinámico de constantes resignificaciones.

Aprovechar este potencial requiere de un liderazgo multigeneracional capaz de operar desde la empatía y la construcción colectiva, transformando las diferencias etarias en una ventaja competitiva. Ignorar este segmento representa un costo elevado para las empresas en términos de innovación y estabilidad, en un mercado donde la vigencia ya no depende de los años, sino de la plasticidad para adaptarse a entornos complejos.

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