El INDEC confirmó la mayor cifra de la historia por el boom energético y la caída de las importaciones debido al freno en la industria.
La balanza comercial argentina registró en mayo un superávit de US$ 3.504 millones, marcando el valor más alto desde que se tienen registros oficiales. El logro, celebrado por el Gobierno, combina un salto histórico en las exportaciones con un desplome en las importaciones debido a la menor actividad económica.
Exportaciones en máximos históricos
Las ventas al exterior totalizaron unos US$ 9.537 millones, marcando también un récord histórico según la serie desestacionalizada del INDEC, con una mejora del 0,6% respecto al mes previo. En términos interanuales, el salto fue del 34,4% (+US$2.442 millones), impulsado tanto por un incremento del 18,1% en las cantidades como del 13,9% en los precios internacionales.
Si bien todos los rubros registraron subas en comparación con mayo de 2025, el sector de Combustibles y Energía fue la gran estrella del mes con un impactante incremento del 167,1% (+US$ 1.091 millones). El petróleo traccionó este avance, en parte por los efectos de la guerra en Medio Oriente sobre las cotizaciones internacionales, pero fundamentalmente por un cambio estructural interno. Al respecto, el Centro de Economía Política Argentina (CEPA) detalló que el saldo energético aportó el 44% del superávit total, apalancado en el funcionamiento del Gasoducto Perito Moreno (anteriormente Néstor Kirchner) y la pujante producción de Vaca Muerta, que reduce la necesidad de compras externas.
Asimismo, las exportaciones de Productos Primarios y Manufacturas de Origen Agropecuario (impulsadas por el girasol, la soja y sus derivados, y la carne) sumaron US$ 957 millones adicionales respecto al año anterior, beneficiadas por una buena cosecha. En tanto, las Manufacturas de Origen Industrial avanzaron US$ 394 millones, empujadas principalmente por la minería mediante el oro y el carbonato de litio.
El «lado B» del récord: desplome de importaciones y recesión
La otra cara de la moneda la aportaron las importaciones, que sumaron US$ 6.033 millones en mayo, lo que representa una baja mensual del 2,5%. La serie desestacionalizada descendió así a su segundo valor mínimo desde diciembre de 2024, siendo únicamente superado por el piso registrado en enero de este año.
Frente a mayo del año pasado, las compras al extranjero cayeron un 7% (-US$ 455 millones), una contracción explicada centralmente por el rubro Piezas y Accesorios de Bienes de Capital (-US$ 374 millones, debido a menores insumos para equipos de transporte) y de Vehículos (-US$ 105 millones). Desde la consultora Abeceb señalaron que ningún segmento creció en volumen y advirtieron que los datos reflejan «la continuidad de un escenario de debilidad de la demanda interna y la actividad económica», afectando severamente a la industria manufacturera local que depende de insumos extranjeros.
Daniel Schteingart, director de Desarrollo Productivo en Fundar, coincidió en el diagnóstico dual: «Estás ante un cambio estructural de la economía argentina, que implica un piso exportador más alto ya que se suma el motor energético y el minero (…) Aun así, vale hacer énfasis en que una parte del superávit responde a la pobre dinámica de la economía argentina… Refleja un consumo planchado y una industria planchada».
Euforia oficial y proyecciones para 2026
A pesar de los matices vinculados a la recesión, en el Gobierno nacional celebraron con entusiasmo el indicador. El viceministro de Economía, José Luis Daza, aseguró en sus redes sociales: «La economía argentina es hoy más robusta que hace un año. Y dentro de un año será mucho más robusta que hoy». El funcionario auguró una etapa de «aceleración del crecimiento, menor inflación, abundancia de dólares que permitirá seguir acumulando reservas, mayor acceso al crédito y nuevas mejoras de calificación crediticia».
En los primeros cinco meses del año, el superávit comercial acumuló casi US$ 12.000 millones, una cifra sideral frente a los apenas US$ 1.900 millones registrados en el mismo período de 2025.
De cara a lo que resta de 2026, la consultora LCG prevé cierta moderación en el ritmo exportador por una menor liquidación del agro y el descenso de precios internacionales como el crudo y el oro, estimando que las importaciones se mantendrán estables por la falta de una recuperación económica firme. Por su parte, Abeceb estima que hacia el segundo semestre el consumo y la industria podrían reactivarse gradualmente, recortando la brecha comercial. Con todo, las proyecciones anuales resultan sumamente optimistas: el año cerraría con un superávit comercial en torno a los US$ 20.000 millones o más, prácticamente duplicando los US$ 11.320 millones alcanzados el año pasado.











































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