Tras más de medio siglo, el ser humano regresa a las proximidades de nuestro satélite natural. El lanzamiento, previsto para estos días, no solo busca validar la tecnología para llegar a Marte, sino que cuenta con un hito histórico para la ciencia nacional: la participación activa de la Universidad de Buenos Aires (UBA).
La NASA ha puesto en marcha la misión Artemis II, el primer vuelo tripulado del programa que busca restablecer la presencia humana en la Luna. No es un viaje más; es el ensayo definitivo para probar los sistemas que, en un futuro cercano, permitirán a la humanidad pisar el Planeta Rojo.
A bordo de la cápsula Orion, impulsada por el colosal cohete SLS (Space Launch System), viajarán cuatro astronautas: el comandante Reid Wiseman, el piloto Victor Glover y los especialistas de misión Christina Koch (quien ostenta el récord de la estancia más larga de una mujer en el espacio) y Jeremy Hansen, de la Agencia Espacial Canadiense.
A diferencia de las futuras misiones Artemis III y IV, esta tripulación no alunizará. Su objetivo es realizar una trayectoria de retorno libre: tras alcanzar la órbita terrestre y realizar maniobras de validación, la nave pondrá rumbo a la Luna para sobrevolar su cara oculta. En este trayecto, los astronautas alcanzarán una distancia superior a los 400.000 kilómetros de la Tierra, batiendo récords de distancia para vuelos tripulados.
El «cerebro» argentino en el espacio: la UBA y el microsatélite Atenea
Para la ciencia argentina, Artemis II no es solo un espectáculo ajeno. La Universidad de Buenos Aires (UBA), junto con la CONAE y otras instituciones nacionales, ha logrado un hito sin precedentes: la inclusión del microsatélite Atenea en esta misión.
Argentina es uno de los pocos países seleccionados (junto a potencias como Alemania y Corea del Sur) para integrar tecnología propia en este viaje. El proyecto Atenea, liderado por la Facultad de Ingeniería de la UBA, tiene como funciones:
- Medir la radiación en órbitas profundas para mejorar la seguridad de futuros astronautas.
- Validar componentes electrónicos comerciales en condiciones extremas de vacío y temperatura.
- Probar sistemas de comunicación de largo alcance desarrollados íntegramente en el país.
«En Artemis II se juega el futuro de la exploración humana», señalan los expertos. La participación de la UBA posiciona a la Argentina en la «primera división» de la industria aeroespacial global, demostrando la capacidad de los investigadores locales para cumplir con los estándares de seguridad y tecnología más exigentes del mundo.
Desafíos técnicos y el camino a Marte
El lanzamiento no ha estado exento de tensiones. Los equipos técnicos han tenido que superar fugas de hidrógeno y problemas en el flujo de helio durante las pruebas finales. Sin embargo, la NASA mantiene el optimismo. El éxito de esta misión de 10 días es el requisito indispensable para que Artemis III pueda, finalmente, llevar a la primera mujer y a la primera persona de color a la superficie lunar en los próximos años.
El regreso está previsto con un amerizaje en el Océano Pacífico, tras enfrentar una reentrada atmosférica donde el escudo térmico de la Orion soportará temperaturas de hasta 2.800 °C.
Con la mirada puesta en el cielo, la humanidad —y muy especialmente la comunidad científica argentina— espera el rugido de los motores que nos devolverá a nuestro vecino más cercano, preparando el camino para que, algún día, el hombre deje su huella en Marte.














































