A más de dos años del inicio de la gestión de Javier Milei, la Argentina asiste a un fenómeno inédito: la macroeconomía se divorcia de la micro. Mientras sectores como el automotriz y el crédito vuelan, el consumo masivo en góndolas sigue sin tocar piso.
La economía argentina ya no se mueve en bloque. El espejo de la realidad nacional hoy devuelve una imagen fragmentada, donde conviven récords históricos de consumo privado con una caída persistente en las ventas de productos básicos. Según el último informe de la consultora MAP, el país no atraviesa una recuperación cíclica tradicional, sino una mutación estructural hacia un «nuevo equilibrio» que premia la productividad y el acceso al capital, pero castiga al salario diario.
A pesar de la percepción de crisis en los centros urbanos, las cifras oficiales indican que el PBI creció un 4,4% en 2025 y el consumo privado alcanzó máximos históricos. ¿Cómo se explica esta paradoja? La respuesta está en los bienes durables.
Impulsados por una agresiva expansión del crédito y la baja de precios relativos frente a los servicios, el patentamiento de autos creció un 44,2% y el de motos un 38,1% respecto a 2023. La apertura importadora y la apreciación del tipo de cambio han abaratado la tecnología y los vehículos, convirtiéndolos en el refugio de consumo para los sectores con capacidad de ahorro o acceso a financiamiento.
En la otra vereda se encuentran los supermercados y almacenes de barrio. Las ventas en este rubro acumulan una caída del 9,3% desde fines de 2023. Aquí, la falta de dinamismo de los salarios reales y el ajuste en el sector público (que sufrió un recorte real del 11%) pasan factura. El «consumo de góndola», que mide el pulso del día a día del argentino promedio, no logra reaccionar debido a que los sectores que hoy traccionan la economía —como la pesca, el agro y el sector bancario— tienen poco peso en la creación masiva de empleo comparado con la industria o la construcción, que siguen en terreno negativo.
La fragmentación no es solo sectorial, sino también territorial. El informe destaca brechas de hasta 60 puntos porcentuales entre provincias:
- Las ganadoras: Neuquén se posiciona como el faro del modelo. Gracias a Vaca Muerta, es la única jurisdicción que logró expandir el empleo privado formal, con ventas de supermercados creciendo al 44% real. Río Negro y Jujuy también lideran el ranking de reactivación.
- Las rezagadas: El Norte Grande sufre el cambio de régimen sin motores locales que compensen el ajuste. Formosa, por ejemplo, registró un desplome del 37,5% en las ventas de supermercados.
Si hay un pilar que sostiene esta «nueva matrix», es el crédito al sector privado, que se duplicó en términos reales en todo el país. Sin embargo, este crecimiento trae consigo una luz de alerta: la mora de los hogares ha superado el 10%, su nivel más alto desde 2010.
Expertos advierten que, si bien el financiamiento ha sido un «bálsamo» para la compra de bienes durables, no puede sustituir indefinidamente la recuperación del poder adquisitivo. El desafío del Gobierno será lograr que el crecimiento de la macro finalmente se traduzca en alivio para el bolsillo del consumidor que hoy navega entre la oportunidad de las cuotas y la restricción del salario diario.






































